Espiritu de Austria - Catedral de San Esteban
En mis viajes tengo por costumbre conocer las catedrales de cada lugar que visito. Es casi un acto automático. Sé que en ellas encontraré el sentir más profundo de un pueblo y la de San Esteban no fue la excepción. Al contrario. En ella existe un espíritu ciertamente nacional, como un sagrado testigo que da cuenta de los grandes acontecimientos que Austria ha vivido.
Antes de la Catedral de San Esteban en este sitio hubo dos iglesias. La primera de ellas fue consagrada a la Iglesia católica en 1147 y la segunda en 1263. La arquitectura gótica característica de los siglos XVII y XV en Europa fue implementada en una nueva edificación que se realizó en este sitio y su construcción comprendió entre 1304 y 1433.
Del estilo romántico de las primeras construcciones se mantiene el pórtico del gigante – en alemán, Riesentor - y las torres de los paganos; Heidentürme . Todo lo demás adhiere al arte gótico que imperaba como modelo en la arquitectura religiosa: planta ovalada, mucha luz, estructuras ligeras, arcos en punta. Posee tres naves, de 107 metros de longitud y un campanario de 137 metros de altura. Estás características son comunes en todos los monasterios, iglesias y catedrales construidos durante esta época y la Catedral de San Esteban de Viena es un paradigma del estilo.
San Esteban es el emblema nacional de Austria y testigo de la historia más profunda de la Nación. En su interior están enterrados los restos del Emperador Federico III de Habsburgo, quien en el año 1453 convirtió a Austria en un Archiducado y compró parte de los territorios que hoy la conforman. Su tumba se encuentra en la Nave derecha del templo.
Es tan profundo el sentimiento nacional que provoca la Catedral que, tras la destrucción de que fue víctima durante los últimos bombardeos en la Segunda guerra mundial, el pueblo austriaco realizó una serie de campañas y donativos monetarios, lo que posibilitó restaurarla y reabrirla en siete años. Poco tiempo si pensamos que su destrucción fue casi completa. Los austriacos también tuvieron que restaurar su país cuando se fueron los Nazis, por eso es que la Catedral es el espíritu y la identificación de Austria; dos aves fénix que resurgieron de las cenizas.
Su ornamentación interior comprende cientos de figuras góticas
originales de la época en que fue construida y adornos barrocos colocados en
tiempos de Martín Lutero y la Contrarreforma. Uno de sus púlpitos es
una de las cosas más impresionantes que he visto. Tallado por el maestro Antón
Pilgram, el trabajo representa los bustos de los santos Agustín, Jerónimo,
Ambrosio y el rostro contemplativo del Papa Gregorio Magno. Lo anecdótico de
esta obra es que Pilgram se talla a sí mismo y aparece en su obra asomado en una
de las ventanas, adelantándose 450 años a Alfred Hichkook.
Fuente:http://www.eviajado.com