Chioggia - la vida maritima
 

Es una instantánea que muestra una ciudad silenciosa y recogida en sí misma. Esto es cierto, pero sólo en el instante del crepúsculo, bisagra del día, cuando el sol enceguece los ojos y los llena de reflejos de colores. Antes y después Chioggia habla en voz alta, de barco a barco, de los balcones a la calle, del bar de una orilla al de la orilla opuesta. ¿De qué habla? De lo que el mar ha depositado en las redes, de las noticias provenientes de tierra firme, de los precios de los peces y moluscos, de la pasarela de mujeres que camina a lo largo del canal, de los pescadores abusivos, de los secretos del “risoto a la ciosota”, de la próxima Sagra del Pesce” y también habla de sí misma, orgullosa y ocurrente.

Por eso el poeta evoca a los “¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos de los pies! Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor a mar”. Es el mar la esencia de Chioggia, un mar que envuelve la ciudad, moldea el carácter, llena los estómagos, un mar que es el pasado, el trabajo, el porvenir, lo cotidiano, la tradición, la razón de ser de Chioggia.

Por las mañanas, el Mercado del Pescado se va poblando de ejemplares de todo color y compradores de toda Italia. La tradición pesquera de la ciudad es ancestral, transmitiéndose su arte de generación en generación. La caccia volante es un método de pesca realizado por dos barcas entre las que se coloca una gran red. Por su parte, la técnica conocida como la pesca dei re se efectúa con una cantidad mayor de barcas y una red de aproximadamente un kilómetro de largo. El colorido barco tradicional de Chioggia, el bragozzo, es el protagonista de las fiestas populares, objeto de admiración, orgullo y nostalgia.

En un bar del centro histórico de la vecina ciudad de Padua pregunto a un local cómo es la gente de Chioggia (los ‘chiogiotti’). “Y… son ‘chiogiotti’, son así, muy particulares”, responde.

Repito la escena en Chioggia y pregunto a un poblador cómo es la gente de Padua. Me responde con el viejo adagio: “Venecianos grandes señores, padovanos grandes doctores, vicentinos comegatos, veroneses todos chiflados.”

Pero mi interlocutor padovano quiere contarme más, relata que ocurren cosas extrañas en Chioggia, que los chiogiotti hablan fuerte y mal, me cuenta sobre el contrabando, las mujeres que se visten con excesivos adornos dorados, las legendarias peleas de calle, describe la escena de los pescadores al alba encaminándose hacia el mar en total soledad… Vislumbro en sus palabras una emoción secreta, un brillo que se enciende en sus ojos y se apaga súbitamente. Quizás la exuberante vida de Chioggia sea una suerte de tentación para los habitantes de “la ciudad de los grandes doctores”, algo que atrae y desagrada al mismo tiempo.

Fuente:http://www.eviajado.com