La costa Atlantica - Playa del Carmen
Es así, que tras arribar al Aeropuerto de Cancún, tomé un ómnibus que me llevaría directo a la terminal de Playa del Carmen.
A esas alturas ya había caído la noche, y la temperatura era la típica que caracteriza al clima tropical, mucha humedad en el ambiente y bastante caluroso.
Al llegar a la terminal, reconozco que por unos instantes dudé en mi elección, y pensé por unos segundos en quedarme a pasar la noche allí y al día siguiente regresarme a Cancún, ya que el aspecto de esa descuidada estación de ómnibus, lejos estaba de ser atractiva a los turistas.
Esa había sido mi primera impresión de Playa del Carmen, y hoy reconozco casi avergonzada, que juzgué apresuradamente a este lugar, sin darme el tiempo suficiente para conocerlo.
Y por suerte, bastaron sólo minutos para convencerme de lo acertada de mi elección y que definitivamente ese era el lugar adecuado para pasar mis vacaciones. A sólo tres cuadras de esa poco estética estación de ómnibus, se encontraba una ciudad pintoresca, colorida, bohemia, alegre y por sobre todas las cosas muy tranquila.
Necesitando ya un alojamiento en donde poder dejar mi equipaje y descansar un rato antes de salir a recorrer la ciudad, podía ya percibir la atmósfera que allí se vivía, montones de bares, alumbrados sólo por faroles o velas colocadas en sus mesas, escondidos a cada paso, con bastante gente, con ganas de divertirse, era lo que más resaltaba de esa calurosa noche.
Y es que estaba transitando casi sin saberlo, la Quinta Avenida, como se la conoce a la principal calle de Playa del Carmen, en donde se concentra toda la vida nocturna, comercial, y buena parte de la oferta de alojamientos económicos.
Es así que llegué a la Posada en donde decidí quedarme a pasar mis días.
Muy amable la recepcionista (canadiense ella), me asignó una habitación y me
acompañó hasta la misma, dándome las instrucciones básicas.
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