Panama - la provincia de Darien
Ya en tierra, somos conscientes de la emoción e incertidumbre que debe haber experimentado Balboa al internarse en estas tierras, con cinco siglos menos de referencias que los actuales exploradores. El itinerario marca la visita a un pequeño poblado ubicado cerca de la frontera colombiana. Allí se última la expedición propiamente dicha entre la contratación de los guías e intérpretes y la compra de las últimas provisiones.
El pueblo tiene un restaurante con comida típica donde podemos comer bien
antes de partir a las largas horas de caminata que esperan. Comidas hechas a
base de carne y grasa parecen ser perfectas para el acopio de calorías de
reserva en nuestro organismo. Entre los exploradores nunca faltan científicos
–generalmente biólogos- y ecologistas de los cuáles se aprende mucho.
Lentamente la caminata comienza a discurrir por senderos que van en paralelo a
las playas del
Caribe, todavía se pueden ver algunos puntos celestes que dan cierta
tranquilidad ante el constante temor de extraviarnos en medio de la selva.
Pronto sale una loma la paso la cual hay que salvar en tres horas de caminata
recibiendo ráfagas de aire tan fuertes que arrastran gotas del mar.
La primera parada es en el pueblo de Armila y su población denominada Kuna. El recibimiento parece preparado (ya son varios años de pasos constantes) y empiezan los sonidos de flautas tradicionales y danzas tribales en honor a las visitas. El ritmo no es muy complejo pero si bastante cálido, más cuando las mujeres del pueblo aparecen vestidas con coloridos trajes de figuras geométricas y símbolos de su cultura, llamados molas.
Y aparece de pronto, como un fantasma, una figura humana muy blanca. Es un albino, rasgo no muy extraño entre estos nativos que causa gran curiosidad y sorpresa. Con esa imagen en la retina, hay que proseguir la marcha a través de la selva, varias vías con lagunas hacen divertido el avance, llegando a veces el agua hasta el cuello, llevándose nuestro sudor y refrescándonos al paso.
Mientras hacemos este recorrido, uno de nuestros guías nos cuenta que cuando no está en trabajo de orientación, busca oro en algunos riachuelos y quebradas que los españoles nunca conocieron –según él-. El camino prosigue con una flora riquísima, destacando las hermosas orquídeas que, conocedoras de su belleza, se ubican en zonas de difícil acceso.
Ese mismo instinto ha hecho eco en los animales salvajes como el jaguar que difícilmente se deja ver durante estas expediciones ya que fueron siglos de cacería a los que se tuvo que enfrentar desarrollando este mecanismo de precaución extrema. Sin embargo, por aire es otro el panorama y las aves siempre revolotean y cantan a nuestro paso.
Fuente:http://www.eviajado.com