Salzburgo - la tierra de Mozart
Dicho nombramiento ve nacer a los “príncipes-arzobispos”, figura que encenderá la llama de la denominada querella de las investiduras, conflicto entre los poderes terrenales y religiosos que estalla en Europa durante el siglo XI. La Catedral de San Virgilio es uno de los testimonios de la influencia del arzobispado de la época.
La ciudad comienza a protegerse con gruesas murallas durante siglo XIII, es que Europa está convulsionada y gestando un cambio profundo que la llevará a la modernidad. Las simbólicas construcciones góticas van transformando su simbología y misticismo en la libertad formal del lenguaje barroco. Maestros italianos acuden a la ciudad para dejar impreso su gracioso compendio de formas ondulantes y profusión decorativa.
Pero durante los primeros años del siglo XIX, dos hechos marcarán a fuego el destino de Salzburgo: el fin del poder de los arzoobispos y el incendio de 1818. Aquella ciudad que fuera llamada “la Roma de los Alpes”, tuvo que cambiar nuevamente su rostro y lo hizo mediante los atuendos del Romanticismo. Fue este el espíritu estético y cultural que caló profundo en el corazón de la ciudad y que aún puede ser percibido caminando por sus calles engalanadas por románticos palacios y jardines
Para entrar en contacto con aquella “Roma de los Alpes” del pasado, es preciso dirigirse a la llamada “ciudad vieja”, ubicada en la margen derecha del río Salzach. La protagonista de la ciudad vieja es, sin duda, la Catedral, construida a instancias del príncipe-arzobispo Markus Sittikus. Destacan sus cúpulas de color verde lima y la fachada de inspiración italiana. En su interior, ricamente ornamentado, se hallan sepultados los príncipes-arzobispos y la pila bautismal del pequeño Mozart.
Las plazas de la ciudad vieja se destacan por su simbolismo y elegancia. La Kapitelplatz, dominada por la Fuente de Neptuno, es un excelente mirador de la ciudad vieja. El homenaje en bronce al hijo predilecto de Salzburgo brilla en la Mozartplatz. Por su parte, la Residenplatz es un símbolo eterno del antiguo poder de Baviera. En armonía con la vocación musical de la ciudad, la Glockenspiel alberga uno de los carillones más emblemáticos del mundo. Posee 35 campanas y suena tres veces al día desde 1702.
Retrocediendo en el tiempo, el monte Festungsberg conserva los testimonios de la ciudad medieval en poder de los príncipes-arzobispos. Esta fortaleza-castillo, además de ser una de las construcciones más imponentes de la ciudad, es el castillo mejor preservado de Europa. Vale la pena demorarse por horas en su interior para captar toda la opulencia de la época, presente en las decoraciones en oro de las Habitaciones de los Príncipes y las magníficas columnas de mármol de la Sala de Audiencias.
Por la Getredegasse (la Callejuela de los Cereales) parece pasar toda la vida de la ciudad, rodeada por una atmósfera del pasado. Además de las sugestivas tiendas que datan de época medieval y el encanto del Mercado Antiguo, la Getredegasse conserva en su número 9 la casa natal del genial Mozart.
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