Siria - Damasco
 

Por la mañana vimos el  Museo Arqueológico de Damasco, interesante pero prescindible (salvo que seas arqueólogo o historiador). A continuación, el  palacio Azem, del siglo XVIII (período otomano), antigua residencia del gobernador de Damasco que hoy alberga el Museo de las Artes y Tradiciones Populares. Es un bonito palacio, que no debería dejar de verse. Aunque estaría muy bien que trasladaran el museo a otro lugar y lo devolvieran a su estado original.

Luego nos dirigimos al recinto de la Gran Mezquita. Junto a la taquilla en la que se venden los tickets hay perchas con chilabas de varios tamaños, porque a las mujeres no les está permitido el acceso con ropas occidentales. Con los tickets en el bolsillo y la vestimenta adecuada entramos primero en el  mausoleo de Saladino y luego en la  Gran Mezquita de los Omeyas. Lo primero que te impresiona al entrar en la mezquita es el enorme patio enlosado de marmol, rodeado de columnas (algunas de ellas romanas) y magníficos minaretes. Luego, cuando entras en la grandiosa sala de oración, te quedas de nuevo con la boca abierta. En la sala hay una zona, separada por cadenas, destinada a las mujeres, pero a las extranjeras (que han pagado la entrada) se les permite deambular por todo el recinto. En medio de la sala de oración hay un mausoleo que, se dice, contiene la cabeza de Juan el Bautista, venerado por cristianos y musulmanes.

Fuimos a comer al restaurante Elissar, en el barrio cristiano. Las mesas están en un patio cubierto, enmedio del cual hay una fuente. El servicio es muy atento, y la comida exquisita: un restaurante muy recomendable. Pero en la carta, en árabe e inglés, no figuran los precios, lo que, por otro lado, es normal en los restaurantes sirios (supongo que, si el turismo sigue en ascenso, las cosas cambiarán pronto en el país). Por una comida para dos personas, con agua y dos cervezas pero sin postre, nos cobraron el equivalente a 16€. Eso sí, no nos permitieron pagar con tarjeta de crédito (por ahora, si viajas a Siria, olvídate de la tarjeta).

Después de comer visitamos la subterránea capilla de Ananías, que la tradición cristiana relaciona con el episodio de la conversión de Saulo. Si viajas por tu cuenta puedes prescindir tranquilamente de esta visita (si vas en un viaje organizado, lo más probable es que te veas obligado a realizarla).

A continuación, nos encaminamos, siempre por el barrio cristiano, hacia Bab ash-Sharqui, una de las más antiguas puertas de Damasco, que procede de la época romana. De camino, una vieja que, a todas luces, no estaba en sus cabales, se nos acercó para mendigar una moneda. Lo anoto porque en Siria no hay casi pedigüeños (ni ladrones, como antes dije). Un comerciante de la zona se acercó rápidamente a nosotros para explicarnos el caso de la anciana, que, nos contó, enloqueció al encontrar a sus cuatro hijos muertos en el incendio de su casa. Nos contó también que tenía dinero, y que había rechazado la ayuda de la Sociedad de San Vicente de Paul. Evidentemente, le avergonzaba que la anciana nos hubiera pedido limosna.

Fuente:http://www.viajesyfotos.net