La ciudad Tromso - Noruega
 

El viaje del año pasado a Gran Bretaña fue pletórico de historia y lugares bellos y grandiosos, gran parte de ellos construidos por el hombre, pero en cuanto a naturaleza nada de lo que he conocido hasta ahora hace sombra a Noruega.

Recuerdo al respecto un encuentro con un sacerdote inglés jubilado de una congregación protestante y que en su labor apostólica había recorrido más de medio mundo. Coincidimos contemplando desde una considerable altura, la desembocadura de un pequeño fiordo y me confió en un español “caribeño” sus pensamientos.
Ocurrió así… teníamos a nuestros pies diminutas casitas diseminadas en las verdes praderas, un mar azul glorioso que al perderse en la desembocadura adoptaba tintes más suaves… justo en el horizonte, apenas sombreadas unas islas… en la ladera de enfrente el juguetear de la carretera por la que habíamos llegado hasta aquí.

Sin haber mediado palabras, no pudo reprimirse y de sopetón exclamó… ¡Esto señor… esto confirma la existencia de Dios más que mil sermones… qué o quién puede sino crear tanta belleza!

Les aseguro que no es inventado… dio la casualidad que en aquél momento estaba yo más interesado en admirar de refilón a una deslumbrante muchacha rubia Noruega que estaba tomando el sol sentada en una roca a unos pocos pasos de nosotros… Pensé que “justo” me había leído el pensamiento y claro, mi sobresalto fue de órdago… tanto es así que al no entender mi sorpresa, el pobre hombre se sintió obligado a aclarar y reforzar su razonamiento contándome que estando él en Nueva Zelanda y en uno de los más bellos rincones de aquellas islas, otro sacerdote nativo le confió que por allí se decía a la vista de aquellas maravillas “que eran dignas de Noruega”

Farfullé unas palabras de asentimiento que confortaron al misionero, pero no sé si en su interior le quedó una duda sobre qué errónea expresión de su español podría haber usado para provocar tamaño desconcierto en mi persona…

CABO NORTE

Pero entremos en “faena” y les cuento que el viaje para llegar a Noruega queda eclipsado por el momento en que estando todavía en Kangasniem (Finlandia) avistamos las primeras montañas del otro lado de la frontera. Hasta entonces, salvando las Ciudades, terreno llano hasta el infinito, lagos (muchos todavía helados) y bosques y más bosques… lo mismo en Suecia que en Finlandia.
Episodios puntuales de este viaje de ida, quedan para otros relatos que ahora alargarían éste en demasía…
Fuente:http://www.cuentatuviaje.net